Una base de pie que sostiene toda la sesión
Pie trasero en diagonal hacia afuera, con todo el peso sobre esa pierna; el pie delantero apunta a cámara y toca el piso solo con la punta o el talón. La cadera se va hacia el lado del peso y los hombros giran un poco hacia la cámara, de modo que el torso queda en tres cuartos y la cara casi de frente. Dilo así: «todo tu peso atrás, la rodilla de adelante suelta, gira solo los hombros hacia mí». Desde ahí cambias tres cosas: dónde va la mano libre, hacia dónde mira y si la rodilla delantera cruza o se abre. Con tacón alto, que apoye una mano en la pared o en un mueble.
Altura de cámara y lente para medio cuerpo y rostro
Para medio cuerpo, coloca la cámara entre la altura del pecho y la de los ojos; desde abajo, la barbilla y las fosas nasales dominan el encuadre. Un 85 o 105 mm a metro y medio o dos metros mantiene las proporciones del rostro; con un 35 mm a esa distancia, la nariz crece respecto a las orejas. En primer plano, pide «saca la frente hacia mí y baja apenas la barbilla»: se marca la línea entre mandíbula y cuello. Corta a media cintura o a mitad del antebrazo, no justo en el codo ni en la muñeca, para que el borde del cuadro no parezca cortar una articulación.
Lo que el vestuario permite
Un pantalón ajustado deja cruzar las piernas de pie y sentarse con un tobillo sobre la rodilla; una falda corta pide rodillas juntas al sentarse y piernas en diagonal hacia un lado. El vestido largo y fluido justifica caminar o sostener la tela a la altura de la cadera; uno ceñido marca cada giro, así que trabaja con giros pequeños. Las mangas largas dan algo que hacer a las manos: jalar el puño, recogerlas al codo. Con escote o tirantes, revisa en cada cambio de postura que nada se haya movido y pregunta antes de acomodarlo tú; si prefiere hacerlo ella, muéstrale en la pantalla qué ves.