Ritmo: un cambio por disparo
Con modelos con experiencia, acuerda el ritmo desde el inicio: «cambia algo cada vez que salte el flash». Si la persona es nueva, divide: pies y piernas fijos, y entre disparos solo mueve brazos y cabeza; cuando eso fluya, libera la base. Nombra cambios pequeños y concretos: «codo afuera», «mano a la clavícula», «barbilla a la luz», «peso a la otra cadera». Para la caminata de lookbook, marca un inicio y un final de cuatro pasos y dispara cuando la pierna de adelante está extendida y la prenda se despega del cuerpo. Repite la caminata hasta tener esa fase con la mirada donde la pediste.
Altura de cámara: lookbook frente a editorial
En lookbook, la prenda tiene que verse igual en todas las fotos: cámara fija a la altura de la cintura o la cadera, lente de 70 a 100 mm, misma distancia y la persona sobre la misma marca. Así las proporciones no cambian entre looks y quien revisa compara prendas, no ángulos. En editorial se rompe a propósito: un gran angular cerca y desde abajo alarga las piernas y pone los zapatos en primer plano; desde arriba, con la persona en el piso, la prenda se vuelve una forma gráfica. Decide al inicio cuál de las dos haces; mezclarlas en una misma serie complica la selección.
Errores que esconden la prenda
Una pose atractiva puede dejar fuera justo lo que se vende: la mano en el bolsillo deforma la caída del pantalón y tapa un detalle que el cliente quiere mostrar. Revisa con la ficha o el brief qué debe leerse —botones, costuras, largo, espalda— y diseña la pose alrededor de ese punto. Los giros fuertes de torso tuercen las costuras laterales; si el corte importa, gira los pies y deja el torso de frente. Brazos pegados al cuerpo borran la silueta de una prenda entallada; separa los codos un palmo. Entre cambios, busca etiquetas a la vista, pinzas de ajuste que asoman y pelusa en telas oscuras.