Qué cuarto a qué hora
Recorre la casa antes de empezar y busca la ventana más grande que no reciba sol directo en ese momento; ahí va la escena principal. Por la mañana suelen funcionar la cocina o el comedor si dan al oriente; por la tarde, una sala que da al poniente se llena de luz baja y cálida. Apaga los focos del techo: mezclados con la luz de ventana dejan caras con dos colores que cuesta igualar en edición. Si el cuarto queda oscuro, sube el ISO antes que encender lámparas, salvo que la lámpara forme parte de la escena, como una de buró junto a quien lee.
Distancia: quedar dentro sin estorbar
Un 35 mm a dos o tres metros incluye a la persona y lo que hace —la estufa, el libro, la mesa puesta—, y a esa distancia todavía oyes la conversación y puedes intervenir. Para que la foto se sienta observada desde dentro, pon un objeto de la escena en primer plano, fuera de foco: el marco de una puerta, una taza, el respaldo de una silla. Muévete tú, no a ellos: si el mejor gesto pasa de espaldas a ti, rodea la mesa en vez de pedir que se volteen. Cambia a 50 u 85 mm solo para detalles —manos, vapor, una mirada— que no quieres interrumpir acercándote.
Errores que delatan que fue actuado
Objetos vacíos: una taza sin café no humea y las manos la sostienen distinto; sirve café de verdad. Un libro cerrado o al revés; pide que lea en serio una página. Miradas a cámara a mitad de la acción: «si me ves, sigue en lo tuyo como si no estuviera». Sonrisas sostenidas esperando el disparo; haz una pregunta que se contesten entre ellos, no a ti. El desorden que no cuenta nada —cables, control remoto, bolsas del súper— distrae; retíralo antes, pero deja lo que dice cómo viven: un dibujo pegado en el refrigerador, las plantas, los platos del desayuno.